Alguien se imagina una publicación infantil que se atreviera a meter algo parecido a estas dos muestras en alguno de sus números.
¿A qué no?
Pues con esas nos criamos, aprendimos a leer y nos reíamos los que ahora tenemos unos cinco sexenios de tiza entre las uñas y pegada a las cejas: sin ñoñerías.
Daría para un tratado de alguna disciplina de esas inservibles e infumables, comparar aquellas historietas con algunas de las opciones que se ofrecen ahora a los niños de 7-9 años, incluidas series de TV con colecciones de cromos para menores que parecen más dirigidas a "voyeurs" de colegialas que a espectadores normales o catálogos de casqueria humana dirigidos a psicópatas integrales o a la formación de futuros asesinos en serie.
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