En algunas ocasiones corregir un error ortográfico puede costar tanto que igual no merece la pena y es preferible dejar el error para la eternidad. Por eso puede que sea una buena costumbre indicar a nuestros alumnos que antes de escribir el documento definitivo hay que hacer un borrador, repasarlo y pedir a alguien que nos lo revise.
El autor del estropicio que os presento no pidió ayuda a nadie, tampoco tenía un corrector ortográfico que al esculpir le subrayara de rojo las incorrecciones. ¡Lástima!


0 comments ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
Leave a Comment