Desde que aprobé las oposiciones y me dieron el titulo de funcionario nunca me he sentido como tal. Tampoco he conocido maestro o maestra que tuviera alma, conciencia o espíritu funcionarial. De hecho la administración pública y los docentes parece que seamos como el agua y el aceite, no llegamos a ser un mismo ente por mucho que nos remuevan.
Una prueba de ello es lo siguiente:

No lo entiendo, y menos que haya sindicatos que lo apoyen. Habrá que ver que explican esos sindicatos para merecer mi voto en las próximas sindicales.


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