Si algo queda objetivamente claro en el laberinto de datos del Informe Pisa (Descargar informe) es que nuestros pequeños tienen dificultades para comprender lo que leen. Y si tienen dificultades para comprender lo que leen es porque leen más bien poco, por no decir que no leen nada y lo poco que leen lo leen en el aula, en la escuela.
No hace tanto tiempo esto no era así; los niños leían más en la escuela, pero leían muchísimo más que ahora fuera de la escuela. La llegada de televisiones a granel y vídeojuegos han apartado a los pequeños de los tebeos, de los libros infantiles.
Es una consecuencia normal. Es mucho más atractivo y más cómodo ver una serie de dibujos animados que leer esa misma historia en un tebeo; es mucho más atractivo y más cómodo ser el protagonista de una historia jugando con la cónsola que identificarse con el protagonista leyendo la historia. Es normal, pero no es lo ideal si deseamos aumentar el nivel cultural de nuestro país.
Por ello, no sólo la escuela y los maestros hemos de buscar la forma de aumentar los niveles de comprensión lectora. También la sociedad ha de involucrarse en intentar solucionar el problema. Al igual que con el cambio climático cada Kw de menos o cada litro de combustible de menos cuenta, en el fomento de la lectura cuenta cada página, cada viñeta leída.
Estoy seguro que en las escuelas se tomarán medidas, más de las que ya funcionan que no son pocas. Pero, y el resto de la “tribu“, ¿moverá un dedo? Ahí lo dudo.
Ayer me fijé en el escaparate de un quisoco. No vi ni un tebeo. El viernes me pase dos horas por la tarde, entre las 6 y las 8 viendo canales de televisión: no vi ni un trocito de programa dedicado a niños y menos a ilusionar a un pequeño con la lectura de un libro. En los anuncios promocionales de regalos navideños no veo ninguno de ninguna editorial publicitando su colección naranja o verde o granate. El mercado parece cerrado al tebeo, al libro, a la letra para pequeños.
Las administraciones en general y la educativa en particular deben realizar los esfuerzos que sean necesarios para ampliar las bibliotecas escolares: en dinero, en libros y en horario que los maestros puedan utilizar en ellas. Si no hay un euro, si nadie manda un libro, si no hay disponibilidad horaria no pueden funcionar correctamente, no pueden cumplir su función. ¿Qué haría un colegio de 12 unidades de primaria con 1000 euros año, más 100 libros año, más 12 horas de disponibilidad horaria semanal? Pensadlo un poco. Las administraciones que piensen si pueden dar esos 1000 euros, esos 100 libros y esas 12 horas.
¿Sabemos? ¿Podemos? ¿Queremos?
Que nadie se queje en el próximo informe Pisa si España se sigue pisando su futuro y sólo nos acordamos de la escuela y de la educación en las campañas electorales o cuando hay tormenta en forma de informe Pisa de malos resultados.
Nota: En la imagen una historieta de La familia Ulises, del desaparecido TBO. Había más vocabulario y contenido lector en un sólo TBO que en cien de los cómics manga que allà por 1982 -83 mataron al TBO y publicaciones similares. Puede que la desaparición del TBO y similares anunciara tiempos malos para la lectura infantil, pero nadie se percató o a nadie le interesó percatarse de que el ecosistema estaba cambiando para peor en el habitat lector.


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