TiC en la escuela: el punto de partida.


El uso de las llamadas NTiC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación) en los centros escolares lleva más de una década en boca de las administraciones públicas, de los medios de comunicación tradicionales y, mucho más recientemente, en la mayoría de blogs de ámbito educativo.

Tanto interés debería responder a una situación real que mostrara que la introducción de las NTiC en los centros escolares está asumida y que su uso es el adecuado.

Sin embargo, la realidad es distinta: en los colegios se usan muy poco las nuevas tecnologías y menos aún de una forma eficiente, con honrosas excepciones, claro está.

Una imagen vale más que mil palabras: ¿cuántas aulas cuentan con un televisor y un vídeo? Ese debería haber sido el primer paso para la incorporación de las NtiC a la educación y, sorprendentemente nunca se ha producido. Es curioso que se esté ahora hablando de pizarras digitales, aulas con cañones de proyección y portátiles cuando no se subió el primer escalón para la incorporación de las nuevas tecnologías a los centros. Las administraciones deberían haber dado el paso indicado anteriormente y dotar a cada aula de su televisor y su vídeo, ahora sólo cabría sustituir el vídeo por un reproductor de DVD, de forma que esa educación tradicional basada en el libro de texto, al libreta y los cuadernitos de trabajo fuera sustituyéndose progresivamente por una educación que se pudiera ilustrar con imágenes televisivas, documentales, cortos educativos.

No se hizo, y tampoco nadie lo demandó, por lo que parece.

Otra imagen: ¿cuántos centros escolares han elaborado proyectos o programas para introducir el uso de la calculadora como material escolar de uso tan corriente como lo es el lápiz, el boli o la goma? Seguro que hay alguno, seguro que el porcentaje de esos algunos no llega al 1 por ciento del total.

Nadie negará que televisor, vídeo, calculadora llevan años metidos en nuestra vida cotidiana y que deberían formar parte habitual del mobiliario y material escolar. Sin embargo, por alguna extraña razón no es así.

Si un maestro de mediados del siglo pasado entrara ahora en un aula de cualquier centro de primaria sólo notaría cambios en los pupitres, las pizarras, la calefección y poco más. En menos de una hora estaría dispuesto a dar la clase tal y como la damos nosotros. Y no debería haber sido así. Si la sociedad ha venido experimentando una evolución tecnológica progresiva, ésta debería haber ido siendo introducida en las aulas también de forma progresiva. La cultura de la imprenta ha sido sustituida por la cultura audiovisual, pero en el cole seguimos con la cultura de la imprenta. El tendero , el carnicero, la frutera, la quiosquera hace décadas que no calculan el total de nuestras compras realizando sumas sobre el mármol del mostrador o sobre papel de estraza con aquel lápiz que guardaban encima de una de sus orejas, pero nuestros niños pasan horas y horas recitando las tablas de multiplicar sin poder avanzar en la lógica matématica hasta que son capaces de memorizarlas, o rellenando hojas y hojas de sumas, restas, divisiones sin otro horizonte que el cálculo por el cálculo.

Desde aquí partimos mientras nos llenamos la boca, las páginas de los periódicos o los blogs de hazañas imposibles sobre la bondad del uso de las NTiC en nuestras aulas. ¡Qué buenos somos y que bien vamos! Pues va a ser que no.

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